“La libertad no es una filosofía

y ni siquiera es una idea: es un movimiento

de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos,

a pronunciar dos monosílabos: Sí o No”.

 

Fernando Savater

 

Mientras esto escribo, es domingo de resurrección. Mi perro descansa cerca de mis pies, me siento tranquilo y relajado después de una noche de reunión con mi hijo y sus amigos. Una reunión improvisada, pero maravillosa por el hecho de poder convivir y reivindicar la amistad que en estos tiempos es tan necesaria. Y pensando y reflexionando el significado de la semana santa que tiene que ver más que en salir de vacaciones, meterse a la alberca y beber y divertirse. Para mí es reflexionar sobre las lecciones que Jesucristo nos legó.

 

Pero, debo decir, también, que me siento consternado y agobiado por todo lo que sucede un día y otro también con la violencia tan marcada y acelerada de estos tiempos que nos ha tocado vivir. Lo ocurrido recientemente en Taxco es un ejemplo de la decadencia del amigo. Del cercano. Del que tiene toda mi confianza.

 

Entiendo, pero nunca justifico, ni justificaré, la violencia que ejercen los que quieren más poder, de aquellos políticos, empresarios y quienes tienen puestos de poder, que, en lugar de promover la justicia y las políticas adecuadas para vivir mejor en comunidad, roban lo más que pueden, ejercen acoso laboral y sexual para satisfacción enferma de ellos mismos, entiendo los que quieren acabar con la salud de los demás a través del narcotráfico y la venta de drogas, entre otros más que no tienen conciencia de lo que significa ser humano, empático, solidario. A esos no se les puede considerar seres humanos.

 

Entiendo que la vida es dualidad, día y noche, claro y oscuro, sol y luna. Bueno y malo. Todas las personas nos vemos en situaciones conflictivas y críticas, y creo con mucha fuerza el dicho popular que dice que Dios no te pone pruebas que no puedas soportar. Todo es posible de sobrellevar. Pero pareciera que en estas épocas que vivimos, en las que algunos piensan que todo es desechable, también queremos solucionar las cosas de manera rápida, pasando por encima de los demás.

 

El caso en mención está fuera de lugar. La secuestradora era una amiga muy cercana, según lo sabido hasta ahora. Una persona con quien había una amistad por razón de las pequeñas hijas de ambas mujeres. Y agreguemos a esto la nula participación activa de las autoridades más los dichos del secretario de seguridad pública de la entidad culpando a la madre por “no poner atención en el cuidado de su hija”.

 

Todo es un caos, nada tiene sentido…

 

 

Como lo menciono en el epígrafe de Savater que hoy nos acompaña: “La libertad no es una filosofía y ni siquiera es una idea: es un movimiento de la conciencia que nos lleva, en ciertos momentos, a pronunciar dos monosílabos: Sí o No”.

 

Es así de simple. Es un movimiento de la conciencia que nos hace cuestionarnos si lo que hacemos está bien o mal. La vida es maravillosa, pero tenemos que saber y cuestionarnos los límites de nuestro comportamiento. Es parte esencial de la ética. Eso es lo que ya no se enseña. Han cambiado muchas cosas. Hay libertad de pensamiento. Todos tenemos diferentes ideologías, pero, creo, que no sabemos por qué creemos lo que creemos. No nos cuestionamos. Sólo hacemos lo que consideramos que debemos hacer, pero sin juicios críticos.

 

El mismo Savater lo expresa de la siguiente manera: “libertad es poder decir sí o no; lo hago o no lo hago, digan lo que digan mis jefes o los demás; esto me conviene y lo quiero, aquello no me conviene y por tanto no lo quiero. Libertad es decidir, pero también, no lo olvides, (es también) darte cuenta de que estás decidiendo. Lo más opuesto a dejarse llevar…”

 

En el tren de la vida, en el que nos hemos subido desde nuestro nacimiento, como lo mencioné en mi artículo anterior, debemos poner atención a aquellos pasajeros que nos acompañan, actuar de la mejor manera posible para realizar el viaje de una forma más cómoda y agradable. Conversar y llegar a acuerdos para que el viaje transcurra de la mejor manera y en paz. Viviendo y conduciéndonos con una ética intachable. Y si en una de las estaciones se sube alguien en mi vagón que tiene otros principios que no van de acuerdo conmigo, lo mejor será no hacerle caso y hacerle a un lado. Siempre habrá otros pasajeros con quienes el viaje sea mucho mejor. Así es como quiero llegar al final de mi viaje.

 

Mientras tanto, seguiré aportando ideas y opiniones en las que podamos llegar a un consenso con los pasajeros de este tren que se llama vida. Tal vez podamos llegar a acuerdos para viajar de la mejor manera posible. Sólo llegando acuerdos podremos llegar a buen puerto.

M en D. Primo Blass