Lo que inició con una madre buscando un espacio para que su hijo pudiera jugar se convirtió, con los años, en una comunidad de equipos, niños y familias alrededor del fútbol en el Valle de Coachella.

Alma no llegó al fútbol porque conociera el deporte. Llegó como mamá.

Su hijo menor pasaba demasiado tiempo frente al teléfono y ella quería involucrarlo en una actividad. El problema apareció cuando intentó integrarlo a un equipo: como no sabía jugar, nadie quería recibirlo.

La respuesta de Alma fue sencilla:

“Yo puedo hacer un equipo y mi hijo va a jugar.”

— Alma Aceves, presidenta de Coachella Youth Sport Association Soccer League

Así comenzó una historia que se remonta a 2009. Un equipo se convirtió en dos, después en varios más y, con el tiempo, Alma terminó involucrándose en la organización y administración del fútbol comunitario.

Aprender para dirigir

Ser mujer en un ambiente dominado principalmente por hombres tampoco fue sencillo. Alma recuerda cuestionamientos porque no era entrenadora ni conocía técnicamente el fútbol.

Su respuesta fue prepararse. Tomó cursos y capacitaciones y entendió que su responsabilidad no era enseñar a patear un balón.

“Yo no estoy aquí para enseñar a jugar fútbol; estoy aquí para administrar una liga.”

— Alma Aceves

Hoy, la Coachella Youth Sport Association reúne categorías infantiles y adultas. Alma estima alrededor de 60 equipos de niños y otros 60 de adultos, además de mantener cuotas accesibles y apoyos para familias que necesitan ayuda.

Su propósito continúa siendo el mismo: abrir oportunidades para jugar, incluso para niños que llegan sin experiencia.

Las familias detrás de la cancha

Los partidos también cuentan otra historia: la de madres y padres que acomodan trabajo, escuela y responsabilidades para acompañar a sus hijos.

Karina Rodríguez, mamá de Mateo González, de seis años, resume ese esfuerzo:

“Uno sale cansado de trabajar, pero cuando ves a tu hijo aquí en el campo, corriendo y jugando, créeme que se te quita todo.”

Patricia Gasca, originaria de Michoacán y residente de Coachella, ha acompañado a sus cinco hijos en el fútbol. Uno comenzó alrededor de los cinco años y hoy tiene 15.

“Tengo cinco hijos y yo hago mi tiempo.”

Para ella, mantener a los niños activos también significa ofrecerles una alternativa frente a tantas horas de televisión, videojuegos y tecnología.

Otras familias llevan años recorriendo el mismo camino. Gabriela, de nueve años, comenzó a jugar aproximadamente a los cuatro o cinco, recuerda su mamá, Anel Ginina, también de Coachella, define su participación de una manera sencilla: estar ahí para apoyar, emocionarse y echarle porras a su hijo Antonio.

Más que fútbol

Alrededor de los campos también se generan espacios para acercar a las familias información, capacitación y recursos de organizaciones comunitarias.

La convivencia incluye además actividades familiares, reconocimientos y celebraciones que amplían la experiencia más allá del resultado de un partido.

Pero después de años de crecimiento, Alma conserva una preocupación muy parecida a la que dio origen a todo: que un niño que quiera jugar pueda encontrar una oportunidad.

Entre sus proyectos está impulsar un espacio donde quienes todavía no saben jugar puedan aprender antes de integrarse a un equipo.

Porque detrás de los uniformes, trofeos y campeonatos permanece aquella primera decisión de una madre:

“Yo puedo hacer un equipo y mi hijo va a jugar.”

— Alma Aceves

Un trabajo en equipo

Alma reconoce que este camino no se construye sola. Rosa, Janeth, Jorge, Gerardo y Dulce forman parte del equipo que apoya las distintas tareas de la asociación, desde la administración y los registros hasta la organización y el arbitraje.


Por Patricia Parrilla | LatinoAmericanos Magazine — Octubre 2026